Cura de reposo

Aldous Huxley

ERA una mujercita de pelo oscuro, cuyos ojos de color gris azulado llamaban la atención, tan grandes parecían en su carita pálida. Una cara de niña, con menudas facciones delicadas, pero marchitas prematuramente; pues la señora Tarwin sólo tenía veintiocho años y sus grandes ojos bien abiertos estaban llenos de inquietud y tenían al mirar un fulgor extraño. "Moka es nerviosa" -explicaba su marido cuando la gente le preguntaba por qué no estaba con él. "Nervios que no pueden soportar la tensión de Londres o de Nueva York. Tiene que vivir tranquila, en Florencia. Una especie de cura de reposo. ¡Pobre querida!" -añadía con una voz que de pronto se aterciopelaba de sentimiento; e iluminaba su cara inteligente, de ordinario inexpresiva, con una de esas sonrisas suyas, tan pensativas, tiernas y encantadoras. Casi demasiado encantadoras, uno se sentía incómodo. Apretaba el botón del encanto y de la ternura como el de la electricidad. ¡Clic! su cara se iluminaba. Y luego ¡clic! la luz se apagaba y volvía a ser el inexpresivo, inteligente investigador científico. El cáncer era su objetivo... (Fragmento)