Amor de padre

Francisco Martínez de la Rosa

Esta es la única de mis composiciones dramáticas que hasta ahora no se haya sometido al juicio del público ni representada, ni impresa. Hacía largo tiempo que, a causa de graves ocupaciones y cuidados tenía abandonado el cultivo de este campo de la amena literatura, cuando en el año de 1849, hallándome en Nápoles con un grave cargo, se me ocurrió emprender la composición de este drama, como por vía de distracción y pasatiempo.
Tal vez el apacible clima y el hermosísimo cielo contribuyeron a despertar en mi ánimo el amortiguado gusto a la poesía; pero de seguro contribuyó a ello la circunstancia de hallarme hospedado en casa de mi amigo el duque de Rivas, embajador de S. M. C. en la corte de las Dos Sicilias. Sabido es su afición a la poesía y al teatro, que con tanto éxito ha cultivado; y apenas le insinué mi pensamiento, lo juzgó en tales términos y me estimuló de tal suerte, que al cabo puse manos a la obra.