Nueve veranos

José Antonio Millán

La tarde de la Expulsión brillaba con luz verdosa al otro lado de la puerta. Avanzaron unos pasos y les sorprendió la fuerza del viento, el frío y las primeras gotas de lluvia. Arrebujados en sus pieles corrieron hasta perder el aliento, y sólo entonces miraron hacia atrás. Una llama de cuchillo oscilaba inmensa en su ronda ante la puerta, proyectando reflejos siniestros; contra el horizonte, las torres aladas de los centinelas.
-Parece que va en serio -dijo Adán-. Corre: vamos a buscar refugio... ¡Qué molestas las aguas que descienden del cielo! Y ya siento hambre... (Fragmento)