Alberto y Teresa

Manuel Payno

Pasaron después como tres meses, sin que Teresa recibiera una sola letra de Alberto. Mil dudas asaltaron a la pobre niña; mil tempestades levantaron los celos en su inocente corazón, mil tormentos incomprensibles sufría en las horas de cavilaciones y silencio en que se consideraba abandonada por su amante y a éste gozando de las delicias del amor, en brazos de otra mujer. ¡Qué infelices son los que se aman!
Un día que ocurrió como de costumbre en busca de cartas, recibió una con el sobre de una letra desconocida, la abrió, leyó... (Fragmento)