Coloquio entre monos y una

Edgar Allan Poe

¡Ah la Muerte, el espectro que se sienta en todos los festines! ¿Cuántas veces, Monos, nos perdimos en especulaciones acerca de su Naturaleza? ¡Qué misteriosamente actuaba como freno para la felicidad humana, diciendo a cada paso "hasta aquí, y no más allá"! ¡Aquel vehemente y mutuo amor nuestro, querido Monos, que ardía en nuestros pechos! ¡Cuán vanamente nos hacía lisonjeamos, sintiéndonos felices por sus primeros brotes, de que nuestra felicidad se fortalecía con su fuerza! ¡Ay!, mientras crecía en nuestros corazones el temor de que aquella hora funesta se estaba acercando apresuradamente para separarnos para siempre. Así con el tiempo el amor se volvió doloroso, y el odio hubiera sido entonces un verdadero don. (Fragmento)