Berta

Guy de Maupassant

Llegué en el tren de la mañana, y la primera figura que se ofreció a mis ojos, en el andén de la estación, fué la de mi amigo. Vestía un traje gris y cubría su cabeza un sombrero negro de fieltro blando, cuya copa, bastante alta, iba estrechándose como un tubo de chimenea; un verdadero sombrero de auvernés, que le daba aspecto de carbonero. Vestido así, el doctor parecía un joven avejentado, con su cuerpo endeble y su abultada cabeza con el pelo blanco... (Fragmento)