La palma del Cacique

Alejandro Tapia y Rivera

En un sereno día del mes de julio, el sol derramaba su luz sobre la faz de la tierra, y la brisa tropical templaba un tanto su ardoroso fuego. En las cercanías de Sotomayor se laboreaba una rica mina de oro, de cuya existencia no quedan vestigios, si bien la tradición la sitúa no lejos de la villa, en la vertiente de varias colinas. Veíanse en sus lomas entre otros árboles, el castaño de América, el medicinal jigüero, el mamey de sabroso fruto, y la palma de yaguas con su espada verde y aguda, que descuella sobre sus elegantes ramas, sirviendo su punta de asiento a las canoras avecillas, y el plátano cuyas anchas, sonantes y lánguidas ramas se mecen suavemente doradas por la luz del día; todo esto en medio de pastos frescos y abundosos en que se veían pacer algunas vacas mientras retozaban sus terneras... (Fragmento)