Silva. Arciniegas. Mutis. García Márquez y otros escritores colombianos

Juan Gustavo Cobo Borda

La crítica literaria de Cobo Borda no desperdiciará ni uno sólo de los caminos y vías, algunos disidentes o francamente antihieráticos, con los que acercarse a su motivo, incluida la chanza sabrosa o el sano humor. Ya José Miguel Oviedo había detectado en muchos de sus textos el empleo de la intuición y de una volandera gracia que le permiten transitar territorios prohibidos para la retórica seria y articular hallazgos de otro modo imposibles.
Descaradamente y sin atender ningún canon, a la historia grandilocuente y oficialista, historia consagrada y dominante, Cobo contrapone la crónica propia y popular: el bolero frente al himno patrio; frente a la tragedia, la novela rosa, la sustancia más sentimental del reino americano. La tragedia es privilegio de los europeos -dirá en uno de sus poemas-, pero no es necesario ser demasiado perspicaz para reconocer que a nosotros nos tocó el melodrama.
He aquí una de sus perspectivas más fecundas: esta reivindicación de la parte rosada y patética de cualquier escrito, reivindicación de un cierto sentimentalismo y de una subjetividad del común desprestigiada dentro de la prosa analítica, pero imprescindible cada vez que se hable de esa materia personal, íntima, sentimental que América es. Guillermo Sucre lo destacaba en toda su obra:
Pareciera la supervivencia de algún virus romántico, todavía muy latinoamericano, lo importante es que Cobo Borda sabe hacer de ese melodrama una forma de tragedia.
Reunión explosiva, por consiguiente, de sarcasmo y sentimentalidad, de ironía y euforia, de ternura y rigor, su literatura nunca está exenta pese a ello de una documentada bibliografía. Abundante en datos, Cobo es capaz, sin embargo, de utilizarlos con la impunidad de creador. Su ensayo parece considerar lo de menos la acumulación de instancias; lo de más, la oportunidad y sentido de su uso, de su llamada al pie. (Esperanza López Parada)