Kafka y Job

Margo Glantz Shapiro

A la Biblia se la puede enfocar, tajantemente, desde dos posiciones. La primera será la visión del creyente que ha de aceptar todo lo que en ella se contiene como la revelación divina, y toda interpretación será necesariamente dogmática, desde cualquiera de las religiones que la Biblia representa. La segunda visión sería considerarla como el conjunto de escritos que dejó un pueblo a lo largo de su historia, escritos que provienen de épocas muy diversas y que presentan por tanto contradicciones muy aparentes, de tal manera que el concepto de Dios, del hombre y del mundo varía a lo largo de sus páginas, por más que la recopilación haya sido hecha por religiosos que aquilataron su ortodoxia. Con todo, El canto de Débora y el Libro del Profeta Amós, las partes más antiguas de la Biblia, que remontan al año de 1100 antes de la vida cristiana, presentan diferencias muy marcadas; y ni insistir vale en la separación que hay entre el Eclesiastés y el Génesis, el Deuteronomio y el Cantar de los Cantares o el Canto de Job. (Fragmento)