Las armas del Arcángel

Emilia Pardo Bazán

Viendo desde el alto Empíreo cómo la iniquidad crecía sobre la tierra, el arcángel San Miguel se quemaba, literalmente, de indignación: su cuerpo era una brasa, su cabellera rubia un sol irritado.
-Señor -suplicó-, permíteme combatir la iniquidad.
Entre nubes de ópalo apareció la amorosa faz de Cristo, y su sonrisa irradió como cifra de la bondad suprema.
-Ve -respondió- sin armas... (Fragmentos)