Destino paradójico el de Cervantes. En un siglo y en un país de artesanía retórica, lo atrajo lo esencial del hombre, ya como tipo (Rinconete y Cortadillo), La española inglesa, La fuerza de la sangre), ya como individuo (El celoso extremeño, El licenciado Vidriera); inventó y compuso el Quijote, que es el último libro de caballería y la primera novela psicológica de la literatura occidental, y, una vez muerto, lo tomaron por ídolo las personas que menos se parecen a él, los gramáticos. Asombrosos aldeanos lo veneraron porque sabía muchos sinónimos y muchos proverbios...
Más que una antología de ensayos, este libro es una revisión literaria sobre la estructura, contexto y otros acontecimientos que afectaron, y aun afectan, la obra insigne de Cervantes.