Cantos pastorales

Alexander Pope

los Cantos pastorales de Alejandro Pope, cuyo nombre es respetado en todas las naciones civilizadas. Si sus obras maestras ofrecen pensamientos grandes e ideas sublimes y poco comunes, estos ensayos (digámoslo así) con los que principió a darse á conocer, demuestran su talento general en todos asuntos.
A los diez y ocho años de su edad dió a luz estas églogas, dignas de Virgilio y de Teócrito. El estilo de ellas es sencillo y dulce, sus imágenes risueñas y agradables, y sus expresiones llenas de gracia y de amenidad. En las Estaciones se deja ver el lenguage de los pastores con tanta naturalidad como en las incomparables églogas de Virgilio. En el Mesías se notan unas ideas sublimes, y conceptos sumamente elevados, aventajando en él a Polibio, y casi igualándose a Virgilio. En el poder de la música está viéndose el efecto con tanta propiedad, que le parece a uno sentir en su pecho o la alegría o el entusiasmo que él pinta; y en la fábula de Orfeo está tan al vivo retratada su pasión por Eurídice, que no puede uno menos de interesarse en el complemento de sus deseos. La descripción del Averno aumenta el interés de esta oda, y su muerte causada por las sacerdotisas de Baco inspiran el sentimiento y el dolor. La selva de Windsor es un poema en el que están pintadas al natural la hermosura de aquellos bosques y la delicia de la vida campestre. Sus descripciones son en tal manera risueñas y encantadoras que casi se conciben deseos de ir a habitar unos sitios tan amenos. ¿Quién no se interesará en la ninfa Lodona cuando huyendo del Dios Pan hace la súplica a Diana, y ésta la convierte en un río, que aún lleva su nombre? (El traductor)