En los libros de caballerías encontró Cervantes un tema pintiparado para la parodia y, con él, un modo de contar que reclamaba el mismo tratamiento que ésta. De tema y modo se sirvió en Don Quijote para lograr la doble finalidad del regocijo cómico y de la enseñanza didáctica. Pero en el proceso de satirizar la técnica narrativa de los libros de caballerías, Cervantes utilizó los procedimientos de éstos y los amplió con tal habilidad que, en sus manos, los gastados moldes recobraron una vez más fresca expresividad. Mediante su manejo del autor ficticio, uno de los tópicos favoritos del género caballeresco, Cervantes se las ingenió para poner ante el lector una novela ya conclusa y, a la vez, todavía en proceso de realización; la interacción dinámica de una historia con sus narradores dramáticos y sus lectores teatralizados. Éste es el aspecto de Don Quijote que quiero examinar.