Tristán o el pesimismo

Armando Palacio Valdés

Tristán o el egoísmo, debería titularse esta novela de Armando Palacio Valdés. Y es que pocas veces un personaje logra hacerse tan aborrecible como este Tristán. Soberbio, envidioso e impulsivo, el autor le utiliza para ejemplificar la corriente pesimista que corría entre los jóvenes de la época, influidos por la lectura de Schopenhauer. Sin embargo, el pesimismo de Tristán resulta una cualidad secundaria de su carácter, eclipsada por un egocentrismo indomeñable.
El pesimismo de Tristán no brota de una reflexión honda y serena acerca de lo frágil que es la felicidad humana, de la futilidad de todo esfuerzo emprendida por el hombre o de la fugacidad de su paso por la vida. Aunque a veces el autor presenta a su personaje entregado a esas lúgubres elucubraciones, en él resultan impostadas. Lejos de ser fruto de la meditación, son hijas de una rabieta pueril porque Tristán considera que la vida no le da lo que su talento merece.
A pesar de ese rasgo de modernidad, «Tristán o el pesimismo» es una novela anclada todavía en los temas y formas del siglo XIX. Los diálogos, las prolijas descripciones y cierto regusto folletinesco harán que muchos lectores contemporáneos la encuentren algo pesada. Es, sin embargo, una excelente novela.