Hipócrates y las escuelas hipocráticas

Pedro Mata Fontanet

Uno de esos asuntos siempre fértiles, es Hipócrates. Por eso le he escogido para tema de mi discurso, hoy que el reglamento de la Academia, no mi voluntad, me ha conducido a esta tribuna.
¿Y qué podrás decirnos ya de Hipócrates, pensará seguramente cada uno de los que me honran con su atención benévola, cuando tantos y tan señalados autores, extranjeros y nacionales, se han ocupado en la persona y escritos de ese famoso Asclepíade de Stankio?
¿Qué novedad podrá tener para nosotros, españoles como somos, cuanto sobre Hipócrates discurras, cuando precisamente los hijos de la Península Ibérica rayamos muy alto en punto a traducción, exposición y comentarios de esos perdurables escritos, que, no sólo se han salvado de la tea incendiaria de los Varrón, los Teodosio, los Caracalla, los Omar, u otros funestos sectarios del impostor profeta de la Meca, sino también de las vandálicas invasiones que ha hecho el error, todos los siglos, desde las volubles zonas de las hipótesis, teorías y sistemas, en los modestos y seguros campos de la medicina práctica?
(Fragmento)