Si un hombre me inspira este cuadro monumental: -sentado en lo alto de un peñasco, a sus pies tempestad, tormenta y el rugido del mar, pero su cabeza iluminada por los rayos del cielo- entonces es Shakespeare; pero también, por cierto, con el agregado de que abajo, en lo más profundo del pie de su trono de roca, murmuran las muchedumbres que lo explican, salvan, condenan, disculpan, adoran, calumnian, traducen y difaman, y de que Él no oye a todas ellas.