Memorias de apariencias

Pedro Calderón de la Barca

Como es sabido, era costumbre acompañar los autos de lo que se denominaba una memoria de apariencias, es decir, un conjunto de instrucciones sobre la configuración de tramoyas y escenarios que el autor mandaba, generalmente de su puño y letra, para ayudar a quienes tenían que disponer los decorados y el tablado de la representación. A dichas memorias o apariencias, sin más, podían añadirse las denominadas memorias de demasías, en las que los encargados de organizar el escenario elaboraban una relación de las modificaciones y añadidos hechos a las memorias de apariencias con objeto de cobrar, si era el caso, una cantidad extra sobre la que en un principio se había presupuestado. No pocos litigios tuvieron lugar por las demasías, como refieren los documentos que reproducimos aquí.
Los estudiosos que se han ocupado de este asunto opinan que en este tipo de documentos "se encuentra información de gran utilidad para la comprensión de los autos: por un lado permiten hacerse una idea más clara del escenario en que se desarrollaban, y por otro, a menudo ofrecen datos que posibilitan resolver problemas de datación o atribución". Pero, además, pueden tener otras utilidades, como la de comprobar cómo el dramaturgo tenía que ajustar su obra cuando los encargados de montarla le sugerían que suprimiera ciertos elementos de difícil o imposible ejecución. Es el caso de algunos autos a los que se refieren los documentos que ahora se reproducen, relativos a su representación en el Corpus toledano de 1640 a 1645.