Ensayo crítico sobre Andrade

Evar Méndez

Andrade era un romántico de las postimerías del siglo. Su obra rebosa un gran optimismo, sus temas son las cosas grandes, lo heroico, sus cantos respiran fuertemente, él es el exaltador por excelencia; su espíritu bien templado ignora los desfallecimientos; por consiguiente, nada tiene que ver con los llantos y la "necesidad de escapar de lo real" de Chateaubriand, De Musset, Lamartine, De Vigny, y algunos contemporáneos suyos; pero si el romanticismo consiste -como dice Paguet, refiriéndose a Hugo- en el predominio de la imaginación y la sensibilidad sobre el amor de la verdad, sobre el amor de la medida, si el romanticismo tiene por carácter esencial ser exagerador, Víctor Hugo es el "tout premier", es el príncipe del romanticismo". Tal el carácter, el espíritu de la obra del poeta argentino, y, en consecuencia, Andrade, es un verdadero romántico, de la especie clásica.