Odas, epístolas y tragedias

Marcelino Menéndez Pelayo

Para entender a este poeta erudito, todo lector medianamente profano necesitará, por lo menos, del auxilio del Bouillet. La dama de sus pensamientos, a quien él dirija declaraciones, ternezas o piropos en sus coplas, se quedará a oscuras leyéndolas, como si en griego estuviesen escritas, o bien tendrá que seguir un curso de mitología, otro de antigüedades clásicas y otro de filosofía gentílica. Y el vulgo, por último, que ni tiene para comprar el Bouillet, ni sabe que existe, ni cuenta con solaz y reposo para meterse en la cabeza tanto enredo, oirá a nuestro poeta como quien oye llover, y no llegará a conmoverse, ni siquiera penetrará el sentido de lo que el poeta dice en alabanza de la religión o de la patria.
Todo esto tiene una parte de verdad, y todo esto y más se propala contra las poesías de nuestro amigo Menéndez y Pelayo. ¿Qué es lo que podemos y debemos contestar?