Obras de Caldas

Francisco José de Caldas y Tenorio

VENERADA por todo colombiano es la memoria de Caldas. Ya en la escuela nos es familiar su nombre, y su figura la vemos, desde niños, resplandecer en el olimpo de nuestra historia con la doble diadema de la ciencia y del martirio. Conocidos nos son también algunos detalles de su vida y varios de sus trabajos intelectuales; pero aún están en la sombra curiosos episodios de esta existencia fecunda y excelsa, y olvidadas y desconocidas yacen la mayor parte de sus obras.
No podemos decir que nuestra Patria haya sido ingrata con tan eximio prócer. Ella lo ha recordado siempre con agradecimiento y cariño, su nombre está en todos los labios, en las horas de apoteosis; con él se han bautizado pueblos y provincias enteras; se le han decretado frecuentes honores; se han pensionado sus deudos; se han conmemorado con lápidas los sitios que habitara, y se ha ordenado levantarle bustos y estatuas en repetidas ocasiones. Pero falta á ese sentimiento de gratitud una manifestación necesaria para su memoria; un obligado tributo á sus grandes merecimientos: la publicación de su correspondencia y de sus trabajos científicos.

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