2. Transculturación vestimental hispánica

Ana Milena Valdés Peña

Para los muchos nativos que padecieron el sometimiento por los primeros asentamientos de conquistadores, como consecuencia de intercambio del vestido, en la región haciéndose exaltar por el oidor Tomás López, en la jurisdicción de Pamplona en 1560, fueron dadas las posteriormente primeras trazas del comercio de ropas de Castilla y las remesas de bienes agropecuarios y artesanales en aquel momento, con títulos de feligreses, tributarios de Vélez y Tunja, a la llegada de la expedición, la conformación de cabildos seculares y villas fundadas en la región, los indígenas, poco disponían de prendas de asignación para cambiarse frente a las labores, lo cual también influyo en la propagación de enfermedades, algunas generadas por la falta de higiene y otras traídas por los opresores, como los piojos y las pulgas, dicho por Antonio Montaña, "Pues fue gracias a la entrega de los vestidos, a la obligación de llevarlos, a la carencia de mudas y a los recovecos de la ropa que no podían cambiarse y lavaban con tan poca frecuencia, como los blancos, que piojos y pulgas, regalo europeo, vectores de enfermedades, resultaron más eficaces para matar nativos que cualquier tropa armada de mosquete". En adelante la óptica de la camisa y enagua se mantuvo en indios, encomendados y mitayos que vivían en resguardos y que eran legalmente libres, con algunas variaciones hacia la basquiña de color y blanca, con distinción de prenda exterior e interior, usada también por artesanos, comerciantes, y estancieros, considerados los mestizos.