De sobremesa

José Asunción Silva

La novela De Sobremesa apareció póstumamente en 1925. Su personaje central es un artista, un poeta, y lo que cuenta es un viaje por Europa y las reflexiones y opiniones que le suscitaba su ansia de saber absoluto.
La crítica no supo juzgarla adecuadamente. No correspondía a las nociones de novela reinantes entonces. Nada tenía de común con las novelas costumbristas de José Manuel Marroquín, o con María, de Jorge Isaacs, o con las novelas del entonces admirado escritor español José María de Pereda. Su personaje central era un artista, un poeta, y lo que contaba era un viaje por Europa y las reflexiones y opiniones que le suscitaba su ansia de saber absoluto. Hacía referencias a cuestiones filosóficas, políticas y sociales, pero no tenía la intención filosófica y política de la famosa novela Cándido (1758) de Voltaire, autor prohibido por la Iglesia y por ello muy leído. Al desconcierto que produjo la diferencia temática se agregó el hecho de que la forma de novelar simulaba un diario. Y como se echaba de menos una "historia" y una forma rigurosa en la construcción de la novela, se la consideró como esqueleto de novela, como obra narrativa sin vértebra. Pero precisamente lo que se echaba de menos en la novela de Silva era lo que caracterizó desde finales del siglo XVIII, principalmente, un nuevo tipo de novela en Europa que se llamó "novela de artistas". Sin proponérselo Silva revivió, si así cabe decir, la disposición invertebrada que caracterizó una de las más famosas novelas de artistas de la literatura europea: Lucinda (1799), del teórico del romanticismo Friedrich Schlegel (1772-1829). Silva no la conocía, muy posiblemente, pero tenía de común con el romántico alemán el problema de la justificación social y moral de su existencia como poeta, es decir, de lo que se de-signó como "existencia estética".