Jarrapellejos

Felipe Trigo

Jarrapellejos es el cacique absoluto del pueblo. Vulgar, casposo y con hábitos desagradables -como eructar sin complejos- es sin embargo el que decide sobre los destinos de los habitantes del pueblo, y comen en su mano nobleza e incluso ministros. Junto con los señoritos del pueblo se rifan a las mozas, ejerciendo una especie de derecho de pernada. Pero su lujuria se enfrentará con la tenacidad de Isabel, que intentará resistir sus pretensiones.
La novela tiene también su carga didáctica, y si bien no tiene un final feliz tampoco es del todo triste. Un sabor agridulce que, a casi cien años vista, se mantiene igual. Porque si bien la sociedad no es -por suerte- como en esa época, asuntos como el de Berlusconi demuestran que en algunas cosas seguimos igual.