Una historia qué contar

Jairo Camacho Rugeles

Percibo el libro como Manuela Llano debió sentir ese beso... como una estocada de triunfo placentero, del noble triunfo de la vida; como quien al final se sale con la suya, con lo suyo. Con sus anécdotas, sufrimientos y alegrías... sus vivencias, ocurridas en un tiempo muy característico, se convierten también en un tributo a sus gentes y a su época que enfatiza los valores perdidos en la ciudad, añorados por sus gentes y que bien valdría la pena recuperar.
Ameno, divertido, filosófico, noble, usa figuras que sorprenden gratamente al lector.
Con sutileza, imaginación y una narrativa espectacular, es de esos escritos que uno no quisiera soltar sin acabar. En medio de la tristeza nos recuerda que "la vida es bella". Un delicioso juego de ping-pong entre el presente y el pasado, entre el pasado y el presente.
Sencillamente una deliciosa historia que no se quedó sin contar. (Guillermo Arenas S.)