El Chiquillo que tiraba de las Campanillas ajenas

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Anna Keller

A causa de sus travesuras, un niño cae en las fauces del peligro.

A todos nos gusta hacer travesuras; es muy divertido despistar a los demás y sacarles risas desprevenidas.

Sin embargo, tienes que tener cuidado cuando decidas convertirte en un niño travieso, porque lo que te parece divertido a ti no necesariamente le parecerá así a la persona que has elegido como víctima de tus inventos.

Como en todos los campos de la vida, debemos cuidarnos de no hacer daño con nuestros juegos a las personas que nos rodean. Siempre podemos divertirnos de formas en las que generemos alegrías y no tristezas o molestias. Si tienes un poco de cuidado ¡seguro encontrarás la forma de hacerlo!