Encarecer y divulgar la lengua del libro inmortal nos parece que es uno de los modos más fáciles y útiles de acrecentar la tradición hispana. Mucho haría nuestro Instituto si lograra familiarizar a sus socios y a las personas que concurren a sus reuniones con el manejo de Don Quijote de la Mancha. Debería ser Cervantes para nosotros lo que es Shakespeare para los de habla inglesa: el maestro del buen decir, el modelo insuperable de un realismo exento de amargura; y su obra la cantera de la cual pudiéramos extraer, sin agotarla, giros, expresiones y vocablos adecuados para todos los temas y para todos los estilos. Enriqueceríamos así nuestro pobre vocabulario y adquiriríamos aquella flexibilidad idiomática que constituye su mejor ornato.
La lectura atenta de Don Quijote proporciona, como es natural, gratísimas sorpresas.