En estas líneas quiero poner de relieve la ascendencia literaria del motivo del ave guía, ese ave que Rojas supo hacer revivir, de manera magistral, en el neblí que guió a Calisto hasta Melibea, un ave de rapiña que, por otra parte, trascendería en España los confines de La Celestina, para, bajo el plumaje de sacre, gavilán, halcón o azor, merodear de aquí para allá, de una época a otra, de un género literario a otro, buscando una presa amorosa en que poder cebar su voraz apetito... (Fragmento)