Aunque en un principio Menéndez Pelayo se opuso explícitamente a su calificación como novela, fue quien acabó imponiendo tal consideración de la obra de Rojas: no en vano las páginas que le dedica están en el libro Orígenes de la novela, o sea, figura explícitamente en el título la denominación genérica novela, cuya génesis estudió. Tampoco es gratuito que la llame «novela dramática» y que, como tal, esté «escrita en excelente prosa castellana, con una fábula regular, variada por medio de situaciones verosímiles e interesantes, la fiel pintura de costumbres nacionales y un diálogo abundante en donaires cómicos». Menéndez Pelayo estaba retomando la denominación de Moratín, en cuyos Orígenes del teatro español le dedicó definitivamente aquel marbete de «novela dramática».