Cuando hago recuento de la vida de esta pobre marioneta, me entran ganas de llorar, a mí también. Yo, la gran paloma, que he venido observando desde el aire toda su ajetreada existencia, no dejo de hacerme preguntas. Para empezar, no entiendo por qué los humanos prestan credibilidad a que un muñeco de madera, de tosca madera, por cierto, que estaba destinada al fuego, emprenda el camino de su rebeldía, como cualquier niño que no acepta el horizonte de miserias que se le pone por delante. (Fragmento. Antonio Rodríguez Almodóvar)