En nuestra colección de enigmas de la literatura infantil y juvenil llamada, no es de poca monta saber a quién demonios se le ocurriría meter en el mismo saco las dos edades. La edad del paraíso (infancia) y la edad de la sospecha (adolescencia). Está la primera tan ricamente instalada en la creencia de un tiempo feliz e ilimitado, mientras la segunda se constituye, justamente, a la salida del Edén. Allí donde la espada flamígera impedirá todo retorno... (Fragmento)