La historia de la épica americana tiene su origen ilustre, como bien se sabe, en La Araucana de Ercilla1, y con ella en la épica italiana, cuya referencia dominante es el Orlando furioso de Ariosto. Al poeta español le reprochaba el Inca Garcilaso de la Vega2 no haber elegido en su relación de la guerra de Arauco la prosa, lo que hubiera aumentado su credibilidad. Para nosotros fue, al contrario, una elección feliz, puesto que dio vida a una extraordinaria poesía épica. Fue un género nuevo, que irrumpió entre la crónica en prosa, que a partir de las Cartas de Cortés y de la Historia verdadera de la conquista de México, de Bernal Díaz del Castillo, había dado ya lo mejor de sí... (Fragmento)