Los trascendentales acontecimientos del último sábado constituyen el hecho de mayor significación política dentro del accidentado desarrollo de la vida colombiana. La Nación estaba al borde del abismo. Todos los valores se hallaban invertidos. El imperio de la violencia anárquica era lo único cierto y tangible. La pasión dirigida y el odio estimulado habían logrado colonizar buena parte de las inteligencias directivas hasta el punto que los ciudadanos más prestantes y de mejores antecedentes formaban, consciente o inconscientemente, dentro de las feroces legiones que tenían como epicentro de sus actividades sectarias los propios recintos oficiales... (Fragmento)