Pipiolos y pelucones: Tradiciones de ahora cuarenta años

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Daniel Barros Grez

Era en los primeros días del mes de Abril de 1829, y a la hora en que allá en lo antiguo tenía costumbre nuestra capital de levantarse de la cama, es decir, la hora de asomar el sol sobre la nevada cresta de los Andes; porque es cosa averiguada, que nuestros padres madrugaban mucho más que nosotros. Santiago comenzaba, pues, a desperezarse: abríanse de par en par los zaguanes de las casas; y por las anchas puertas coronadas de sendos escudos hechos pedazos por la revolución, se veía salir a las viejas y desgreñadas cocineras con el canasto de la recova al brazo, el pañuelo de algodón y en la cabeza; un zapato y medio, y a veces dos medios zapatos en los pies, y envueltas en el clásico rebozo de lana... (Fragmento)