Entre nosotros

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Antonio M Sepúlveda

Después de perforar una nube algodonosa el aeroplano describió dos grandes curvas sobre la ciudad y fue descendiendo en línea oblícua hacia el campo de aterrizaje.

Alvaro Sánchez sacó la cabeza para dominar el conjunto. Por sobre el rojo de los tejados se erguían los altos edificios de las fábricas empenachados de humo. Las iglesias de reciente construcción desafiaban con sus flechas el dombo azul, y en las calles las gentes y los vehículos se movían como insectos. Lejos, una gran marcha bermeja, probablemente la pista del hipódromo. Hacia el Norte, como un espejo oval en el centro de la llanura ilímite, reflejaban el sol mañanero las aguas del inmenso tanque del acueducto que abastecía a la populosa ciudad... (Fragmento)