Con el llamativo, sugestivo título de Margarita Ramírez tuvo un hijo ha obtenido una victoria ruidosa. Es un libro que se lee de corrido, sin soltarlo, por su amenidad, su gracia, la fina observación, las estupendas descripciones, el cariño al pasado, la noble presentación de tipos desaparecidos. Tiene el calor de la tierra y su color, la deliciosa evocación de tiempos idos, el elogio de las virtudes, de las costumbres, de las poblaciones santandereanas.
La trama de la novela, de sostenido interés, no llega a la tragedia, como todo parecía hacerlo presentir, sino a un acomodamiento raro, inverosímil... Lo que no se debía ocultar hace treinta años, ahora se puede decir sin vergüenza, que Margarita Ramírez tuvo un hijo.