En los albores del siglo XIX oleadas de colonizadores ingresaron en bueyes y muías a nuestra comarca cargados con sus corotos y con la esperanza de una tierra prometida. Traían entre sus bártulos tiples y guitarras que acompañaron esta gesta al son de bambucos y pasillos. En medio de sus cantos montañeros fueron desgranando pueblos por toda nuestra geografía, pueblos que desde el alba se impregnaron del espíritu emotivo y civilizador de las notas musicales. Así fue como, por los caminos profundos y abruptos de estas tierras, juglares y trovadores animaron con sus tonadas el nacimiento de las nuevas comunidades... (Fragmento)