Quimera

Ver libro

José Luis Cantillo

Manolo había estudiado en Buenos Aires hasta los 24 años. Entregado a su propio impulso, a cargo, más ilusorio que real de una vieja tía, había hecho todo lo que puede hacer un muchacho de su edad en una gran capital: pasear, divertirse y adquirir intermitentemente algunos conocimientos.

Ni su carácter ni su temperamento lo inclinaban al libertinaje: no había sido, pues, un calavera, sino un enfermo de haraganería crónica, fomentada por los amigos del renombrado colegio, a que diez años antes lo enviara su padre, sin la más ligera noción del abecedario... (Fragmento)