El casamiento de Laucha

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Roberto Jorge Payró

El nombre de Laucha –apodo y no apellido– le sentaba a las mil maravillas.

Era pequeñito, delgado, receloso, móvil; la boca parecía un hociquillo orlado de poco y rígido bigote; los ojos negros, como cuentas de azabache, algo saltones, sin blanco casi, añadían a la semejanza, completada por la cara angostita, la frente fugitiva y estrecha, el cabello descolorido, arratonado...

Y así comienza la historia de sus desventuras, pero es mejor que te lo cuente él mismo.