Esta enhorabuena, que agradecido acepto, de mi viejo amigo don Juan Martínez Villegas, vino con motivo de haberle yo escrito que ya no componía versos sino para álbums o álbumes (¡barrabasado plural!). Si estos son una epidemia para los que, mal o bien, rimamos palabras ¿cómo salvar de ella? ¿Con qué cara de hereje le diría yo -perdone, hermana, no hay que dar- a una linda amiga que pide nada más que mi firma, o -toque a otra puerta y déjeme en paz- a un barbudo de la progenie de Adán, que solicita lo mismo para su libro de autógrafos? Y como no es galante ni cortés eso de firmar a secas, cata el porqué hay que hacer líneas de medida iguales.
Ya en forma de libro de recuerdos, de corona fúnebre o de página autográfica, el álbum ha sido, pues, la Musa inspiradora de estas Filigranas. Con excepción de media docena de composiciones, a cuatro de las que bautizo con el título de Bronces, las demás no han tenido otro origen.
Por eso, este librito no ofrecerá interés para la generalidad de los lectores. No es más que un modesto aguinaldo con que obsequio a mis amigas y amigos, entre los que tiene a honra contar a usted su sincero apreciador.
Ricardo Palma