Los trece primeros años de su niñez y adolescencia, transcurren al calor del cristiano hogar bajo la rectoría paternal de don Pablo Antonio Valenzuela y doña Nicolasa Mantilla, apellidos de alcurnia que han llevado brillantes ejemplares de la historia santandereana. De su padre y del hogar que formara nos deja a la muerte de aquél, anotado al margen de la partida de defunción, este mínimo esbozo biográfico: "Jamás fué demandado. Jamás se le murmuró de mujeres y nunca altercó con la propia. En su familia se ignoran los juramentos, las maldiciones y obcenidades; siempre se observan las fiestas y ayunos de la iglesia, y la supo adoctrinar con mansedumbre y paciencia"... (Fragmento)