El Piadoso Aragonés

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Marcelino Menéndez Pelayo

Como todas las obras de la vejez de Lope, está correctamente escrita y abunda mucho en décimas y romances. No le faltó motivo al censor Pedro de Vargas Machuca para encomiar la «singular dulzura de estilo y bondad de versos» de esta pieza, si bien en toda ella reina cierta languidez y amaneramiento, que son resultado de un vicio radical de concepción, es decir, de la manera falsa y pueril con que Lope, deslumbrado esta vez por preocupaciones indignas de tan gran poeta, o cediendo acaso a sugestiones extrañas al arte, trató el magnífico argumento del Príncipe de Viana, profanando aquella noble figura histórica, y dejando en su obra un triste documento de abyección y servilismo, que desearíamos arrancar de las páginas en que se leen maravillas tales como Peribáñez y Fuente Ovejuna... (Fragmento)