«El vascuence se extingue sin que haya fuerza humana que pueda impedir su extinción; muere por ley de vida. No nos apesadumbre que perezca su cuerpo, pues es para que mejor sobreviva su alma». Estas palabras del discurso que leí en la noche del 26 de agosto del año pasado en la fiesta de los primeros Juegos florales celebrados en Bilbao, provocaron y han provocado no pocas protestas de parte de mis paisanos, y las han provocado, ante todo y sobre todo, por estar todos allí, en mi país, convencidos del hecho de que el vascuence se va y de que se va sin remedio... (Fragmento)