Las escenas de la vida bandolera, que abundan en esta obra, están trazadas con mucho brío, y con aquella especie de indulgencia y mal encubierta simpatía que en la tierra de Roque Guinart y de Serrallonga ha acompañado siempre, no al merodeo vulgar, pero sí al espíritu vindicativo, que campa por sus respetos sobre la tierra avasallada, según la distinción que el personaje de Lope establece llanamente... (Framento)