Égloga sacra, hermosísima como tal, sobre todo en las efusiones líricas, pero que tiene el inconveniente de parecerse demasiado a algunos autos que ya hemos visto y a otros que conoceremos más adelante. Verdad es que la alegoría de lobo y cordero en que este auto se funda fué de las más frecuentemente manoseadas por los poetas del Corpus, como lo recuerdan estos versos de un entremés oportunamente citado por González Pedroso... (Fragmento)