Penetrados de la grande importancia de este objeto, y convencidos de su urgencia, procedimos al instante a arreglar el plan de nuestros trabajos según la naturaleza y límites del encargo que se nos hacía. De las tres clases de educación que los hombres reciben en la sociedad, la literaria sola es la que se proponía por objeto de nuestras meditaciones, quedando para otra ocasión y momento la educación física y la educación moral. Aún en la parte que se nos encomendaba debíamos ceñirnos a lo que la situación general del momento, la situación particular nuestra y el contexto mismo de la orden nos prescribían esto es: a proponer medidas para proceder al arreglo, más bien que el arreglo mismo... (Fragmento)