Cervantes y El Quijote

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José de Armas y Cárdenas

No ha de extrañar la amarga hiel que se descubre en medio de los divertidos episodios del Quijote. Cervantes, a pesar de la grandeza de su alma, era hombre, y la época en que compuso este libro fue la más dolorosa de su vida, aun si incluimos la de su largo y duro cautiverio. Cautivo halló consuelo en sus briosas esperanzas, y como lo prueba su admirable Epístola a Mateo Vázquez, concibió el plan fecundo de que abandonara su patria por las estériles empresas de América para cimentar, extendiéndose por el África, un poderío inexpugnable. En cambio, cumplidos ya los cincuenta y siete, cuando publicó la primera parte y cercano a los a los sesenta cuando la segunda, «con todos sus años a cuestas», como él mismo decía, y «tan versado en desdichas», ni una sola esperanza conservó de las que animaron su juventud heroica, ni un solo amigo que le brindara algo más que las limosnas de Sandoval y de Lemos, ni otro consuelo que su pluma para dirigirse a una posteridad menos ingrata... (Fragmento)