Un poema deslumbrado y barroco, donde la ciudad de México emerge como jardín eterno y corte fastuosa sobre el agua, convertida en sueño de riqueza, devoción y belleza que desafía al propio Siglo de Oro.
Balbuena escribe su Grandeza Mexicana, según explica en la Introducción, para describir las excelencias de la ciudad de México a la señora doña Isabel de Tovar y Guzmán, dama de "singular entendimiento" y "aventajada hermosura", a quien conoció en la villa de San Miguel de Culiacán, cuando ella se disponía a venir a pasar sus últimos años en el convento de San Lorenzo.
Cansado de la soledad y la pobreza en que ha vivido como cura de pueblo durante más de cinco años, Balbuena desea mostrar con amplitud los conocimientos adquiridos en sus lecturas; aplicarlos al elogio de una ciudad culta, en sus distintos aspectos, para que aquéllos a quienes desea agradar vean lo que puede hacer quien aspira a ocupar posiciones más altas y es capaz de apreciar las ventajas de la vida ciudadana... (del Prólogo)