Dietario de un Hombre Humillado

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Luis Arturo Hernández

La insistencia, la reiterativa persistencia, el ensimismamiento casi obsesivo con que la mirada del praguense de a pie -y raro es el ciudadano de Praga que no sea peatón, y más raro aún el que siguen al pie del cañón- se abisma en la contemplación de los pies del forastero podría hacer creer, a primera vista, al turista occidental -o accidental-, satisfecho de su elevado nivel de consumo, envanecido por su alta calidad de vida y pagado de sí mismo, simplemente en la curiosidad, a medio camino entre la admiración y la envidia, que despierta el nativo la observación de su calzado... (Fragmento)