Repetidas veces la crítica se ha referido a la influencia que el ambiente bogotano finisecular y la incomprensión de sus contemporáneos tuvo sobre la vida y obra de Silva y sobre su muerte prematura y trágica. No pretendemos en estas páginas argüir lo contrario, ya que es evidente que la gestión intelectual del poeta se vio coartada por la chatura y mediocridad ambiental y por los afanes y angustias a que se vio sometido en las numerosas demandas judiciales causadas por su prolongada e irremediable crisis financiera.