Para una Biografía de Dulcinea del Toboso

Cecilia Hernández de Mendoza

Cogito, ergo sum, dijo Descartes, y colocó así el Yo en el centro del problema filosófico. «Vivo como sueño, luego existo» parece decirnos don Quijote, y con ello sitúa el Yo en el centro del problema vital. Para Descartes la prueba de la existencia reside en el pensamiento; para don Quijote, en el ensueño hecho acción. Pero tanto en el filósofo francés como en Alonso de Quijada se determina y concreta la idea renacentista del individuo humano como eje del mundo; la que en el uno es un sistema, en el otro es un sentimiento.